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Trazando caminos: Explorando la intersección entre Arte, Literatura y Derecho en el Club H

Resumen

En este foro se produce una suerte de taumaturgia terapéutica porque, frente al mundo del Derecho y de la Economía del que se espera la medida y el orden, se abre una puerta a la belleza, a la duda, a la transgresión. En suma, una puerta abierta a la imaginación.

El arte, en general, cumple una función subversiva y crítica, por cuanto se acaba convirtiendo, nada más producirse y disfrutarse, en una forma privilegiada de reflexión que excede el marco de cualquier disciplina científica, incluido el Derecho o la Economía. Por eso, después de varios años al frente del foro de “Cine, Literatura y Derecho” podemos afirmar que hemos constituido un grupo de contumaces subversivos. Cada vez que nos reunimos se produce una suerte de taumaturgia terapéutica porque, frente al mundo del Derecho y de la Economía del que se espera la medida y el orden, se abre una puerta a la belleza, a la duda, a la transgresión. En suma, una puerta abierta a la imaginación.

El cine y la literatura aparecen como vehículos de creatividad en el derecho, por cuanto posibilitan alargar los horizontes referenciales de nuestras actividades profesionales, Es más, aunque el derecho y la literatura o el cine operan en universos distintos, todas las disciplinas se encuentran en potencial convergencia, pues tienen, inevitablemente, que tratar con la interpretación.

La literatura – especialmente la moderna y la contemporánea – es considerada un terreno fértil, a partir del cual se puede investigar tanto las conductas sociales ante las normas singulares y al ordenamiento jurídico, como también la relación espontánea de la opinión pública con el derecho, o sea, el modo como lo actores sociales interaccionan con el derecho y con la exigencia de justicia por él puesta, como bien demuestran las obras, entre otros, de Balzac, Tolstoi, Flaubert, Austen y Dickens, pero también las obras de los clásicos griegos (Ilíada, de Homero, Antígona, de Sófocles, Oréstia, de Ésquilo) y latinos (Eneida, de Virgílio). Lo mismo ocurre con el cine, que carece de cualquier dimensión formal, alterando el orden impuesto, en la medida que suspende las certezas instituidas, fulmina las categorías que encierran la realidad y rechaza las convenciones establecidas, desobstruyendo, de esa forma, el camino de la imaginación rumbo a utopías creadoras.

A las tres de la tarde, durante unos cuantos años ya, antes y después de una pandemia, hemos mantenido la llama de la interacción de dos universos diferentes pero compatibles. Y lo hemos hecho con la fe de los conversos, de los que creen que esa complementariedad es esencial en el desarrollo humanista de todos nosotros. Por la mañana, muchos juristas, antes de acudir a la sesión de nuestro Foro, buscaban las raíces de la razón jurídica en sujetos de derecho, brindándoles facultades y obligaciones establecidas. A la hora de la conversión grupal en FIDE, el cine y la literatura nos ha permitido revivir personajes, cuya naturaleza ambivalente combina con la ambigüedad de las situaciones singulares que le son atribuidas, de forma que su identidad es el resultado de su propia trayectoria experimental en búsqueda de sí mismo.

El Derecho y la Economía se inclinan por la generalidad y abstracción, normalmente atribuidas a la ley; por otro, la literatura y el cine se ocupan de lo particular y concreto, considerando que toda historia se revela irreductiblemente singular.

La literatura y el cine merecen destacarse relacionados a la relatividad y a la incertidumbre de la justicia humana, frente a la tendencia natural del hombre orientada a una comprensión y realización de la justicia absoluta; a la reflexión respecto de la nostalgia por el aspecto sacro y simbólico del derecho, testimoniada por las tragedias griegas y por la jurisprudencia romana; a las nociones jurídicas universales, subentendidas a la convivencia social, con el deber y la promesa, por ejemplo; a los contenidos y valores de la ética jurídica; y, por fin, a los modelos de ordenamiento jurídico y a los principios jurídicos que admiten tutelar los referidos valores ético-jurídicos y, a partir de ellos, construir el Derecho.

Es tiempo de continuar, más si cabe ahora, en un momento histórico donde las incertidumbres y los cambios acechan. Nosotros nos comprometemos a seguir en esa cofradía que revela el misterio dado de las relaciones entre el orden y la imaginación. Os esperamos en el Club H.

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