Álvaro Lobato

Autor

V13, Crónica judicial. Emmanuel Carrère.

Emmanuel Carrère nos sumerge en el juicio V13, que abordó los atentados yihadistas del 13 de noviembre de 2015 en París. Entre septiembre de 2021 y junio de 2022, el Palacio de Justicia de la Île de la Cité fue escenario de este proceso judicial, donde se analizaron los trágicos eventos en la Sala Bataclan, el Stade de France y las terrazas de París. Carrère, en su crónica, no solo explora los aspectos legales, sino también las complejidades y motivaciones de los involucrados, proporcionando una perspectiva única de este oscuro episodio histórico contemporáneo.
Keywords: V13, Crónica judicial, Emmanuel Carrère, Bataclán, Stade de France, Paris, juicio, yihadismo, atentados, víctima, sentencia, Estado Islámico
Autores referenciados:

Emmanuel Carrère

V13, viernes 13 de noviembre de 2015 es más que la crónica periodística del juicio que tuvo lugar entre septiembre de 2021 y junio de 2022 en el Palacio de Justicia de la Île de la Cité de Paris y en el que se enjuiciaban los hechos que todos conocimos como los atentados yihadistas acaecidos en esa fecha en la Sala Bataclan, el Stade de France y en las terrazas del este de París, atentados que causaron 130 muertos y más de cuatrocientos heridos.

Es el relato colectivo que reclamó Pierre Sylvain, superviviente del Bataclan y constituye una valiosa contribución a la cuestión planteada al inicio del juicio por Salah Abdeslam, el único implicado que tenía que haber accionado su cinturón explosivo y no lo hizo, “Todo lo que ustedes dicen sobre nosotros, los yihadistas, es como si leyeran la última página de un libro. Lo que habría que hacer es leer el libro desde el principio”.

No se limita Carrére a describir y explicar todos los detalles jurídicos necesarios para que los profanos y, los no tan profanos, entiendan los aspectos relevantes del proceso, quién es quién en el juicio, porqué entre los autores del atentado unos están presentes y otros no, las declaraciones y el papel de las víctimas en el proceso, de los miembros del Tribunal, de cada uno de los profesionales, los intereses de cada uno de ellos, lo que hace de manera precisa y amena.

El relato de los actos preparatorios de los atentados, el café conspiratorio, Molenbeek, Bruselas, París, Estambul, Amsterdam, los viajes, la relación de parentesco, amistad o de pura coincidencia temporal o espacial de los implicados, sus costumbres, sus oficios, sitúa al lector en el escenario real de lo acaecido, ofreciendo interpretaciones diversas de los hechos, explicaciones alternativas de las que se desprenden de la defensa de los acusados.  Todos ellos serán minuciosamente analizados en el enjuiciamiento final y las pruebas se expondrán con detalle para el preciso encaje de cada una de las piezas en el resultado y por tanto de la implicación de cada uno en los diferentes delitos que se les imputan.

Así, resulta del todo relevante la T. Diferenciar entre Asociación Terrorista de Malhechores y Asociación de Malhechores a secas conlleva consecuencias en la gravedad de las penas pero exige conocer muchos detalles de las vidas y acciones de cada uno de ellos, quiénes asistían a las sesiones del visionado de decapitaciones en el sótano del café Les Béguines, quiénes han ido “de vacaciones” al Estado Islámico, quién practica la taqiyya, es decir, aparenta ser un buen musulmán, es amable, y se muestra deseoso de rezar sin molestar a nadie, pero realmente odian la sociedad en la que viven y solo aspiran a destruirla.

Para la construcción de este relato colectivo es necesario incorporar la visión del mundo de los distintos actores – autores del atentado, colaboradores, victimas, familiares, investigadores – y también de los propios profesionales que intervienen en el juicio, los abogados de las partes civiles, los defensores, la acusación, el tribunal, y Carrére  lo va incorporando sutilmente a lo largo de los muchos capítulos en que se divide el libro y que conduce de manera amena a una comprensión de la totalidad de los atentados y de la sombra que estos proyectan.   

Las partes civiles, que comparecerán en el juicio buscando una reparación moral, las víctimas auténticas del atentado que conviven y deben diferenciarse de las víctimas de rebote o los testigos accidentales, escuchan ya el segundo día la voz del principal acusado, la estrella del juicio, Salah Abdeslam, el único acusado que tenía que haber explosionado su cinturón, la denominada “defensa de ruptura”, cuando pregunta si también se va a dar la palabra a quienes sufren los bombardeos en Siria y en Irak. Esto permite a Carrère, reflexionar sobre esta defensa, teorizada en 1987 durante el juicio del oficial nazi Klaus Barbie por el abogado Jacques Vergés y enfocar los hechos del 13 de noviembre con una perspectiva adecuada. Técnica que repetirá más adelante al contextualizar a los implicados en los atentados. La tesis de estos es clara, los atentados son una reacción legitima al terrorismo de Estado practicada por Francia, primero en Irak y luego en Siria, “masacráis a inocentes allí y nosotros venimos a masacrar inocentes aquí”.

La perspectiva humana se proyecta tanto sobre las víctimas, como sobre los autores del atentado; de estos hace un perfil psicológico, sociológico y cultural preciso. Reflexiona sobre las visiones de unos y otros, humanizando a todos ellos, integrando sus experiencias y preguntándose cómo han llegado algunos hasta donde lo han hecho. Introduce anécdotas reveladoras del dolor de otros muchos, los familiares de las victimas y de los autores de los atentados, de la diferente percepción que tenemos de unos y otros, como si estos fueran en alguna medida responsables de los actos de sus hijos. La cuestión de quienes son víctimas y quienes verdugos se difumina.

No escatima tampoco esfuerzo a detalles que pudieran parecer secundarios o superfluos, como al mencionar lo que titula “El precio de las lágrimas”, es decir, de las indemnizaciones que corresponden a cada una de las víctimas, más bien a los conceptos por los que se conceden estas y que no se dilucidan en este juicio sino en otra sede y ante otro tribunal, pero para cuya satisfacción el estado francés, único en el mundo, ha creado un fondo de garantía al que contribuye cada francés con 5,90 euros anuales.

O a explicar lo que denomina “El precio de las palabras”, destacando la ingente cantidad de dinero que se destina en ayuda jurisdiccional, pues en casos de terrorismo se aplica con independencia de que se tengan o no recursos para sufragar los honorarios del abogado, el desequilibrio que se produce en la retribución, trabajo y dedicación de los abogados defensores y los abogados de las partes civiles y la diferente proyección de unos y otros en el juicio.

O a mencionar algunos errores de los investigadores,  unos reconocidos y otros no,  o a los lapsus del presidente del Tribunal, que si bien pueden parecer menores no pasan desapercibidos para el público y de los que podemos obtener algunas lecciones; cada frase, cada intervención de un miembro del Tribunal es importante y no puede o no debe calificarse de repetitivas las descripciones que de los hechos, los sufrimientos o las secuelas hacen las víctimas, u olvidarse de mencionar a los acusados cuando se anuncia como penosa la espera de la sentencia para las partes civiles o los medios de comunicación, o la remisión en una sentencia largamente esperada a los números de los preceptos legales cuando se indica que al principal acusado se le impone la cadena perpetua -¿irreductible o no?-.

Es, en definitiva, la crónica de una realidad compleja, reproducida en un juicio de nueve meses, un sumario de 542 tomos, que tiene como punto de partida próximo la inmolación de un frutero tunecino en diciembre de 2020, la rápida propagación de este fuego en lo que se llamó la Primavera Árabe, y la yihadización de la rebelión, la dinámica del Estado Islámico, etc.  y cuya contextualización y conexión con los autores de los atentados se incorpora al juicio mediante el testimonio de Hugo Micheron, arabista y profesor en Princeton y de otros testigos y pruebas gráficas.

La visión de Carrére nos aproxima a todo ello con maestría; si no fuera la crónica de una terrible realidad se leería con el placer de leer una apasionante novela de ficción.

Cristina Jiménez Savurido

Presidente de Fide.

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